Es el marsupial carnívoro más grande conocido por el ser humano. Tras millones de años habitando tierras australianas el lobo de Tasmania (Thylacinus cynocephalus) se dio por extinguido en 1986. Sin embargo en los últimos años se han sucedido algunos supuestos avistamientos que han intrigado a los biólogos. Científicos de la Universidad de James Cook han iniciado la búsqueda del animal perdido.
Dos personas del norte de Queensland creen haberlo visto. Las descripciones son detalladas y plausibles. Para conseguir pruebas de vida de la enigmática especie el reconocido ecólogo Bill Laurence y su compañera la bióloga Sandra Abell van a instalar 50 cámaras trampa en la península de Cape York, al norte de Australia, donde se sitúan los testimonios. "Cuando llegue la estación seca, a finales de junio, comenzaremos los trabajos de campo", explica Abell a El Independiente.
El lugar de los avistamientos y la identidad de los observadores es estrictamente confidencial. “Uno de ellos fue durante largo tiempo empleado del Parque Nacional de Queensland, el otro es un hombre de vida silvestre que acampa habitualmente”, explica Laurence.
Los avistamientos han sido de noche. Uno de los testigos vio con una linterna cuatro ejemplares a poco más de 5 metros de distancia. El otro divisó un animal mientras conducía en coche. “Hemos comparado las descripciones que nos han dado, incluido el brillo de los ojos, la talla, la forma y el comportamiento, y no cuadran con los atributos de otras especies grandes del norte de Queensland como el dingo, el perro salvaje o el cerdo salvaje”, relatan los expertos.
"Personalmente creo que hay pocas probabilidades de encontrarlos pero uno aprende con la ciencia a no decir nunca porque en muchos casos se ha hallado con vida a especies extintas", reconoce el biólogo.
El tigre o lobo de Tasmania habitaba parte del contienente australiano, Nueva Guinea y la isla de Tasmania. Allí era el rey de la caza hasta que llegó el hombre y lo exterminó. Primero, los humanos llevamos a Australia perros salvaje. Los tigres fueron incapaces de competir con un depredador más ágil que él, cedieron su territorio y se limitaron a vivir en la isla de Tasmania.
Más tarde, en el siglo XVIII llegaron a Tasmania los colonos ingleses con su ganado, que el tigre consideró un alimento fácil de conseguir y lo incorporó a su dieta. Los colonos, contrariados por las numerosas pérdidas, comenzaron a matar tigres hasta que los exterminaron. El gobierno pagaban una libra por cada cabeza y media por cachorro. En 1936 murió el último ejemplar conocido en el Zoo Hobart de Australia.
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