El destino de Ángel Gabilondo iba a ser enterrarse en un despacho de almirante o de cura, entre cartas de madres y sentencias de corregidor, o sea el despacho del Defensor del Pueblo, que era donde lo iban a mandar. Un sitio donde no tendría que hablar con nadie, ni ver a nadie, sólo leer como el que teje y desplegar de vez en cuando papeles como sobre una mesa de mapas, con frufrú de sastre o de ratoncillo. Ahora, sin embargo, su destino podría ser gobernar en Madrid con Pablo Iglesias, que es lo contrario a cualquier discreción y a cualquier paz. Así se lo ofreció Gabilondo en el debate, como un caballero que ofrece su chaqueta, y hasta llamándolo “Pablo”, ya con intimidad de compartir la lana o la lluvia. A Iglesias no lo pudo contener Sánchez con todo su poderío aeronáutico, lo va a contener Gabilondo con su juego de escritorio.
Te puede interesar
Lo más visto
- 1 Madrid acoge más menores inmigrantes que Cataluña
- 2 El fanatismo de María Jesús Montero
- 3 El creador de Adolescencia, serie de Netflix, desmonta su mentira
- 4 Quién es Peter Navarro, el gurú arancelario de Trump
- 5 El programa de Jesús Cintora en RTVE costará 2 millones
- 6 El juez Hurtado dice que la filtración del correo del novio de Ayuso llegó a Moncloa "presumiblemente" desde Fiscalía
- 7 El 'caso Alves', test democrático para el Gobierno
- 8 Otra actriz de La Promesa se marcha y defiende a sus guionistas
- 9 El padre de Adolescencia, serie de Netflix, desvela su objetivo real