Es bien sabido que el puesto más difícil y el que proporciona mayor desgaste y menor brillo dentro de un partido es el de secretario general, en el caso del PP, o el de secretario de Organización, en el caso del PSOE. Pero esto es así en cualquier formación política aunque en estos momentos la figura indiscutible en este rango sea la de Teodoro García Egea que está lidiando con varios conflictos internos serios, alguno de ellos de peligrosas consecuencias futuras dentro de su partido.
La última y más ruidosa, pero no la más importante, se ha producido esta semana a cuenta de la publicación de un audio del vicepresidente de la Junta de Andalucía, Juan Marín, miembro de Ciudadanos, que data del pasado mes de junio pero que alguien decidió filtrar ahora, cuando los presupuestos andaluces estaban a punto de ser sometidos a votación.
Aunque Marín intentó rectificar enseguida, sus declaraciones inmediatamente posteriores a la publicación de ese documento sonoro culparon directamente a Fran Hervías, antiguo secretario de Organización de Ciudadanos y ahora al servicio del PP y con estrechísimo contacto con Teodoro García Egea, de la filtración del audio.
Es decir, el vicepresidente de la Junta acusó con el dedo a la dirección nacional del PP para forzar al presidente, Juanma Moreno, a convocar elecciones anticipadas en Andalucía.
El enfrentamiento interno, que podría haber abierto una brecha insuperable entre Génova y el palacio de San Telmo, parece que se ha superado con la inteligencia de Moreno, la disposición a la paz de Juan Marín y la habilidad para navegar en aguas turbulentas de García Egea.
Ayer el secretario general del PP dejó claro ante todos los asistentes al Congreso que el presidente de la Junta tiene todo el apoyo de la dirección nacional para decidir cuándo convoca elecciones en esa tierra. Si había habido una ofensiva con uniforme de camuflaje, ayer se produjo una retirada en toda regla. Un problema menos para el secretario general del PP en el camino hacia su irrenunciable objetivo.
García Egea tiene hecha a su satisfacción la mayor parte del trabajo de campo con los congresos provinciales y regionales
Lo que busca García Egea desde el momento en que fue nombrado su número dos por el recién elegido Pablo Casado como presidente del PP es una cosa por encima de todas: conseguir una renovación del partido que garantice la unidad sin la menor fisura de ese partido hacia la consecución de una meta: que Casado llegue a ocupar el palacio de La Moncloa.
Ese es su encargo y ese es y será su trabajo hasta que lo consiga, que pretende que sea en las próximas elecciones generales, para lo cual ya se ha visto en la necesidad de provocar, y ganar, serias tensiones en los territorios, el andaluz incluido. Punto.
A esa batalla interna está dedicando todas sus energías. García Egea tiene hecha a su satisfacción la mayor parte del trabajo de campo con los congresos provinciales y regionales. Pero le quedaban unos cuantos flecos difíciles de anudar. Uno de ellos podría haber sido el de Andalucía pero parece que el problema se va a solventar en el congreso que hoy cierra Pablo Casado. Génova lo dejó claro ayer.
Y quien lo hizo público fue el propio García Egea cuando le dijo al presidente de la Junta de Andalucía Juanma Moreno que “es libre, siempre ha sido libre y no tenemos que venir de fuera a decirle lo que tiene que hacer», en referencia a cuándo convocar las elecciones en la comunidad.
Pero ese mensaje tenía otro destinatario además del presidente de la Junta. Otra destinataria, habría que precisar, que era la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quien la jornada anterior había aconsejado a su colega andaluz que actúe con plena libertad y no acepte de ningún modo un papel de marioneta.
Estos dos fueron en realidad mensajes cruzados entre Ayuso y Egea, protagonistas del auténtico y corrosivo enfrentamiento entre el PP nacional y el PP madrileño.
Aquí sí que Teodoro García Egea tiene miedo de jugarse toda la operación Casado, presidente. Y no porque Isabel Díaz Ayuso no haya repetido hasta el aburrimiento que su meta es Madrid y sólo Madrid, sino porque los fantasmas del pasado no han abandonado todavía los despachos de la planta 7ª de la calle de Génova.
La contundente intervención de Esperanza Aguirre en favor de Ayuso y contra los “chiquilicuatres” de la dirección nacional, sumada a los implacables ataques contenidos en el libro de Cayetana Álvarez de Toledo contra García Egea y, algo menos ácidos pero igualmente descalificatorios contra Pablo Casado, se han venido a sumar al ya largo enfrentamiento contra la presidenta Díaz Ayuso a cuenta de su pretensión de presidir el PP de Madrid y su reclamación de que el congreso madrileño se celebre cuanto antes.
“Aquí está otra vez la vieja alianza de la corriente liberal que trató de descabalgar a Mariano Rajoy de la presidencia del PP. Vuelven a hacerlo”, piensa entre otros García Egea, que se promete a sí mismo que no lo va a tolerar bajo ningún concepto porque eso echaría abajo todo su trabajo de los últimos años y la estrategia de ahormar un partido unido en torno a su presidente.
El secretario general del PP, enfrentado a muerte con Miguel Ángel Rodríguez, jefe de gabinete de la presidenta madrileña, tiene muy presente que fue éste quien trabajó para poner a punto la imagen pública de José María Aznar al frente del partido y consiguió también auparle hasta la presidencia del Gobierno.
Ese es el fantasma contra el que lucha todos los días Teodoro García Egea: el de una repetición de la operación de descabalgamiento del líder del partido. Y por ahí no va a pasar, eso es seguro, aunque tenga que correr con todas las descalificaciones imaginables dentro y fuera del PP.
Si finalmente van al choque, ganará Egea porque no puede perder aunque esa victoria arrastre consigo la derrota de Casado en las elecciones generales
En ese sentido, a Isabel Díaz Ayuso no le han venido bien ni los encendidos apoyos de Esperanza Aguirre -adobados con las descalificaciones al equipo directivo del partido- en este momento de tensión, ni tampoco las tan frías como feroces críticas a Egea y a Casado de Cayetana Álvarez de Toledo, a quien la presidenta madrileña ha elogiado porque, ha dicho, “ella siempre ha representado los valores del PP”, aunque aclaró que las expresadas por la antigua portavoz del partido no dejaban de ser “opiniones personales”.
Así planteada la batalla -conspiración contra el liderazgo de Casado versus intento de cortar las legítimas aspiraciones de quien ha devuelto al PP la esperanza de una victoria- parece prácticamente imposible que se alcance un acuerdo en el que no haya vencedores ni vencidos.
Y, puestos a pronosticar, yo apostaría por que Teodoro García Egea, que es quien tiene necesariamente que echarse a la espalda todas las armas para ganar el combate, no se va a dejar vencer. Le va en ello su compromiso y su obligación. Si finalmente van al choque, ganará Egea porque no puede perder aunque esa victoria arrastre consigo la derrota de Pablo Casado en las elecciones generales.
Por eso sería imprescindible que desde las dos posiciones se busque un terreno en el que se puedan cerrar determinados acuerdos que convienen a todos los contendientes: la presidencia de Madrid para Ayuso, que se la merece, se la ha ganado y los madrileños no entenderían otra cosa; unas listas autonómica y municipales pactadas y sin excesivas imposiciones por parte de Génova y un compromiso -no sólo verbal- de lealtad inquebrantable al presidente del PP y de no participación en movimiento desestabilizador alguno ahora y en el futuro.
Si logran un acuerdo así, el votante del PP se lo premiará. Si no lo alcanzan, lo pagarán muy caro. Esa también es otra responsabilidad del secretario general Teodoro García Egea, el enemigo jurado de toda disidencia que pueda debilitar al líder pero que está plenamente obligado a convertir -y a tiempo- las lanzas en cañas.
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