La Prensa del Movimiento se tambalea entre el mal negocio y la servidumbre política, que a lo mejor tampoco es tan buen negocio después de todo. El mal negocio y el peor negocio se están enfrentando ahora en Prisa y de momento van perdiendo los apóstoles de la Moncloa, los que tenían cama con escudilla y palangana junto al colchón de Sánchez y ponían un teléfono rojo ardiendo siempre en las redacciones como un altar o un velatorio. Los propagandistas juramentados querían meterse en otra gloriosa ruina, una televisión vaticana para Pedro, la “Intereconomía” del sanchismo, como le contaban aquí a Rubén Arranz. Una nueva cadena que sacara al presidente luminiscente como una figurita de Fátima, entre anuncios de discos de Ana Belén, retrospectivas de Almodóvar y obras completas de Almudena Grandes, como esas colecciones de libros que sacaban los otros sobre la Reconquista o sobre batallas navales, encuerados de pellejo de tambor, bordados de pasamanería de almirante y estofados ya de polvo, que parecían la herencia de un mosquetero. Pero quizá la servidumbre ya no es tan buen negocio, o al menos Sánchez no es tan buen negocio.
Joseph Oughourlian no es Jesús Polanco, al que llamaban “Jesús del Gran Poder” cuando toda la política o todos los negocios tenían algo de religiosidad sevillana (hasta Mario Conde parecía un sevillano de palco y agüita de azahar). El País de Polanco fue un día un catecismo para llevar con la tartera, con el tweed del profesor, con la pana del abogado laboralista y con la España que no iba a conocer ni la madre que la parió, según dijo Alfonso Guerra. Todavía los medios podían ser negocios familiares, negocios como de saga de sastres o boticarios (el edificio que construyeron los Luca de Tena en Serrano parecía y sigue pareciendo un tarrito de boticario, y yo diría que el ABC aún huele a botica y a loción). Pero el negocio de boticario mezclado con el invento del pelotazo español dio ya esa cosa entre empresario y santón, entre ideólogo y tiburón, que era Polanco. Claro que el pelotazo español era y sigue siendo político. En realidad todavía no sabemos si Polanco hizo ideología por el negocio o hizo negocio por la ideología, ni si el PSOE mandaba en Polanco o Polanco mandaba en el PSOE. Pero Prisa fue una cosa como sacerdotal con Felipe, con Zapatero y con Sánchez.
Hace mucho que no está Polanco, ni siquiera Cebrián, ya considerado facha como su caro Felipe. Las familias periodísticas, que hacían como una aristocracia de velador, pasaron de moda igual que el periódico atado con cuerdecilla o listón de los hoteles y cafés, que así parecían todos vieneses. Hasta el pelotazo artístico español, que daba divos y melodramas, decayó, como decayó el periodismo de papel y caja alta. Ahora, los grandes conglomerados multiplataforma tienen que recurrir al grupo extranjero o al empresario buscavidas que llega como un jeque del fútbol, y al que no es fácil seguirle la pista política, cosa que aquí nos descoloca mucho. Prisa sigue siendo Prisa como el Vaticano sigue siendo el Vaticano, con unos o con otros, o sea que sigue siendo biblia del progre, profesión de fe, pureza del periodismo incluso con mentira oficial y cosa españolísima como el churro o el chorizo, en todas sus variantes. Pero ahora, de un día para otro, no es que no parezca de Sánchez sino que no parece algo español, porque los que aún pensaban en la gloria del partido sin mirar la ruina del negocio, o sea los que aquí llamamos listos y triunfadores, se van, o los echan.
Ahora, los infiltrados del sanchismo o del zapaterismo, esos barraganes y esos colilleros de la política que están en todos sitios, han dado el cante con un nuevo canal de televisión. Y no ya proponiéndolo sino casi imponiéndolo de facto, con bailón descaro monclovita.
Oughourlian no es Polanco, no puede serlo como no puede ser Mario Conde. Quizá no es ni el Oughourlian que pensábamos. Oughourlian se tiene por un saneador de negocios a pesar de que se meta en el periodismo, que no es un negocio sino un monacato y por eso siempre nos ha resultado sospechoso (la gente que se mete en el periodismo para ganar dinero debe resultarnos siempre sospechosa). Como saneador se supone que no mira tanto los editoriales como las cuentas, pero las cuentas iban mal y los editoriales no se los cree nadie, o sea que mirara lo que mirara la cosa no tenía buena pinta. A pesar de eso, nada se movía en Prisa, que aun a dos velas todavía era, y quizá más que nunca, la Prensa del Movimiento (es Makinavaja, último choriso, último profeta y último poeta, el que llama así a El País). Pero ahora, los infiltrados del sanchismo o del zapaterismo, o sólo los infiltrados de España, esos barraganes y esos colilleros de la política que están en todos sitios, han dado el cante con un nuevo canal de televisión, ruina de las ruinas para una empresa ruinosa. Y no ya proponiéndolo sino casi imponiéndolo de facto, con bailón descaro monclovita. Y Oughourlian puede ser ambiguo o incluso siniestro, pero no creo que sea tonto.
Un nuevo canal de televisión, ahí por las profundidades de la TDT, entre videntes saturnales o saturninos, líneas calientes o sudadas, pelucos de estafador y hasta el Canal Red de Pablo Iglesias… Eso querían José Miguel Contreras, maestrante de la bodeguilla de Sánchez o electroduente de la tele (o al revés); Carlos Núñez, supuesto visionario y estratega, y algunos otros de la camarilla del apostolado sanchista, que no sé si habrían pensado en un cuerpo de baile a lo mamachicho para nuestro presidente o sus tertulianos. La verdad es que Oughourlian fue el primero que presionó para girarse hacia Sánchez, que entonces era una estrella y había en él negocio y lujuria, como en las jóvenes actrices o en Podemos. Algo ha cambiado, y no ha sido la España de arrimado y pelotazo, la del entremetido de la política en el negocio que salvará antes al político que al negocio. Algo ha cambiado, porque hay canales sólo de ovnis o sólo de Curro Jiménez pero un canal sólo de Pedro Sánchez no parece viable. Quizá la servidumbre sigue siendo buen negocio, pero el que ya no es buen negocio es Pedro Sánchez. Ni para Prisa, que ahora mismo no tiene otro negocio.
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