Entre el bandolero, el patriota y el justiciero, la figura del guerrillero español de la Guerra de la Independencia (1808-1814) tiene varias capas de romantización acumuladas con el tiempo. El historiador Antonio Carrasco identifica, rápidamente, dos manos de idealización. Una del romanticismo decimonónico y otra de los movimientos de liberación nacional y la descolonización de la segunda mitad del siglo XX.
La primera se dio pronto, con los “viajeros franceses, alemanes e ingleses que llegan con esa mirada condescendiente de que en España son un poquito bárbaros, apasionados, etcétera”, afirma el historiador. A esa primera imagen histórica “se sumó la oleada de guerrillas de los años sesenta cuando las guerrillas comunistas están al frente de los movimientos de liberación nacional en todo el mundo y, por asociación, la guerrilla española de la Guerra de Independencia se la ve como casi una especie de protoguerrilla anticolonial”, explica Carrasco.
Mientras muchos españoles seguimos idealizando la guerrilla como algo entre El Empecinado y Curro Jiménez, Antonio Carrasco se ha esforzado durante más de 15 años en investigar la guerrilla española durante la Guerra de Independencia. Un trabajo que se convirtió en su tesis doctoral y que ha servido para la publicación ahora de Guerrilla. Una historia nueva de la Guerra de la Independencia (Desperta Ferro).
El autor, doctor en Historia Contemporánea, ha abordado el tema con un enfoque multidisciplinar, combinando historia militar, política, social y económica. "Lo que he hecho ha sido una revisión completa de lo que es el fenómeno guerrillero, poniéndolo desde el punto de vista de los protagonistas, sin idealizarlos ni demonizarlos", afirma Carrasco.
Decapar esa idealización ha sido la tarea más difícil del historiador. “Cuando empecé a investigar sobre la guerrilla, me di cuenta de que había una cantidad enorme de relatos mitificados que no se sostenían con la documentación de la época. No podemos seguir narrando la Guerra de la Independencia como si fuera una epopeya sin sombras. Es una historia mucho más compleja".
Para esa labor de derribo se ha aproximado a la guerrilla “como un fenómeno específico de un momento histórico muy concreto. España no tiene una tradición partisana excepcional. No más que cualquier otro país. La guerrilla es una cosa muy concreta, de un periodo muy específico de la de la historia de España en la que tienes un bando patriota que en el campo abierto se ve derrotado cada dos por tres por los franceses y que no tiene dinero, más la guerrilla, que es una forma muy útil de hacer la guerra a lo pobre”, asegura.
La guerrilla española es revolucionaria porque la resistencia patriota es revolucionaria
De partisanos a militares
La guerrilla fue un fenómeno espontáneo, al principio de la invasión francesa hay un tipo de acciones partisanas o de guerrillas que “en realidad son muy típicas de las sociedades del Antiguo Régimen en las que la presencia de una fuerza externa que requisa alimentos, ataca a las costumbres locales, se burla de ellas, ofende a las mujeres, etcétera, provoca una reacción violenta típica de las sociedades rurales”. Un choque cultural y social que se traduce en asaltos y asesinatos.
La evolución de este choque sería la forma de guerrilla que resultó determinante en la guerra. “Una sofisticación que incluso se apoya en el gobierno patriota que da legitimidad y autoriza a las partidas. Un gobierno que anima la creación de partidas por parte de militares y de campesinos que se que se organizan mejor y que ya realizan acciones mucho más políticas. Acciones de resistencia específicas que ya no están dirigidas por una un conflicto de subsistencia con los franceses o una ofensa individual. Es una acción que está pensada para expulsar a unos invasores del territorio nacional”, afirma el catedrático.
Napoleón percibía en general a los guerrilleros lo mismo que toda la insurgencia española, como una serie de rebeldes que lo que había que hacer era aniquilarlos
El historiador sostiene que la trascendencia de la guerrilla española es que tiene un carácter revolucionario, porque la guerra que están combatiendo, en sí misma, es revolucionaria. “La guerrilla española es revolucionaria porque la resistencia patriota es revolucionaria. Te puedes encontrar cualquier tipo de resistencia popular y rural en cualquier momento de la historia y que no sea nada más que una resistencia rural que se agota en sí misma. En España lo que está diciendo es, primero, que el rey no tiene el derecho a ceder su corona sin el consentimiento de los súbditos, que las capitulaciones de Bayona no les representa, no es suya, no hay consentimiento. Por tanto, los ciudadanos, bueno, súbditos todavía -ciudadanos a partir del momento en que se definen como tales en la Constitución de Cádiz- lo que están diciendo es que nosotros nos resistimos y creamos un gobierno alternativo, una legitimidad que es alternativa”, reflexiona el autor.

Marcados liderazgos
A pesar de que las partidas guerrilleras llegan a un punto de organización muy alto con el ejército no se pierde en ningún caso su marcado personalismo. Los liderazgos marcaban mucho la relación con el resto de fuerzas patrióticas y las autoridades. “Había algunos que estaban más motivados, otros que tenían una concepción política mucho más sofisticada que otros y había guerrilleros que actuaban de forma más instintiva. A partir de 1809 los líderes partisanos por interés propio, por supuesto, intentan coordinarse con las fuerzas patriotas regulares y, por tanto, ya no atacan solo por su propia iniciativa”, asevera Carrasco.

Uno de los guerrilleros más famosos fue El Empecinado quien para el autor es de los que mejor representa al guerrillero que evoluciona desde el mundo rural a convertirse “en un auténtico epítome de un movimiento revolucionario. Él empieza con 12 tíos antes del levantamiento del 2 de mayo”, explica. Sus comienzos no están claros y se especula que pudo empezar como bandolero, si bien no hay pruebas documentales de tal origen. Lo que sí se sabe es que El Empecinado, evolucionó militarmente y terminó integrado en el ejército con más de 2000 hombres a su cargo.
La mayoría de los líderes partisanos más conocidos terminaron integrados en política como El Cura Merino, Espoz y Mina, Zurbano o El Empecinado, si bien hubo de todo. “Gran parte de ellos terminaron metidos en política, como El Empecinado que terminó pagando con su vida. A Espoz y Mina, a quién también hubieran ahorcado si no llega a exiliarse”, afirma Carrasco.
Un pilar de la expulsión de los franceses
El papel de la guerrilla en la guerra ha sido tanto minimizado por algunos historiadores, como exagerado por otros. De su investigación Carrasco concluye que la guerrilla es uno de los tres pilares sobre los que se asienta la victoria española sobre Napoleón. “El primer pilar es el ejército regular español. El segundo pilar es el ejército regular inglés y el tercer pilar, la insurgencia española a través de la guerra partisana. Ahora bien, ninguno de ellos por separado hubiera sido capaz de ganar la guerra”, asegura.

Las fuerzas francesas eran verdaderamente temibles y se impusieron por toda Europa. “A Napoleón lo derrota una coalición de toda Europa. Es Rusia, es Austria, es Prusia, es España, es Gran Bretaña, la mayor parte de los estados alemanes, o sea; prácticamente todo el continente tiene que unirse para derrotar a Napoleón y, aún así, les cuesta Dios y ayuda”, añade. Napoleón no respetaba a la guerrilla como forma de guerra, así que aplicó toda la fuerza militar para acabar, infructuosamente, con ella lo que aumentó la espiral de violencia.
“Napoleón percibía en general a los guerrilleros lo mismo que toda la insurgencia española, como una serie de rebeldes que lo que había que hacer era aniquilarlos. La única forma de meterlos en cintura era a base de eh violencia, represalias, ahorcar a los a los que tenían un papel de liderazgo y castigar a los pueblos que apoyaban a los partisanos, ejecutando o arrestando a los familiares y ejecutando a los líderes locales como alcaldes”. En otras palabras, para Napoleón eran “lo que hoy llamaríamos un terrorista”, concluye Carrasco.
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