La gran ventaja de creerse con la verdad absoluta de las cosas es que las víctimas que dejas por el camino provocan un menor cargo de conciencia. Quería Irene Montero hace unos días denunciar el elevado precio del alquiler en las grandes ciudades y no tuvo una mejor idea que poner en la picota a una ciudadana de la que poco o nada sabe. Escribió su nombre y su apellido en las redes sociales y le culpó de querer subir la renta a sus inquilinos en 300 euros mensuales. Dado que la intención de la portavoz de Unidas Podemos era la de hacer campaña, bien podría haber visitado la web de Idealista y elegir algunos de los ejemplos de viviendas en el centro de Madrid que miden 20 metros cuadrados y cuestan un ojo de la cara. Pero optó por señalar directamente a una persona o, lo que es lo mismo, por convertirla en carnaza y ofrecérsela a su legión de seguidores para que la devoraran.
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