El "Día de la Liberación", como denomina Donald Trump al 2 de abril, ha llegado. El presidente estadounidense concretará este miércoles por la noche los nuevos aranceles que aplicará a distintos países que, según la Casa Blanca, mantienen barreras comerciales contra los productos y servicios estadounidenses.
La incertidumbre es máxima en todos los sectores debido a los habituales giros de guion a los que acostumbra el líder norteamericano. España encara la guerra comercial con un amargo precedente que ya puso en jaque a parte del sector agroalimentario durante su primer mandato. En 2019, más de 100 productos españoles sufrieron la represalia de Washington a causa del choque con Bruselas por las subvenciones a Airbus y Boeing.
Los grandes damnificados ahora pueden ser el vino y el aceite de oliva, tras el golpe del 35% que recibió la aceituna de mesa en la anterior legislatura y que aún sigue vigente. Pero todo queda al albur de los anuncios que realice el presidente. Durante la campaña presidencial ya habló de la imposición de un arancel universal de entre el 10% y el 20%. Sin embargo, los cambios en sus amenazas se han vuelto constantes, como sucedió con la implantación de aranceles a los automóviles del 25% a México y Canadá aplazados desde febrero.
De momento, los aranceles ya afectan en parte a nuestro país desde que el pasado 12 de marzo entró en vigor el arancel general del 25% a las importaciones de acero y aluminio. Además, el sábado pasado Trump anunció aranceles del 25% sobre todos los automóviles exportados a Estados Unidos. Una medida que se hará efectiva a partir del 3 de abril. Este nuevo arancel afectará también a las piezas empleadas para su elaboración, como motores y otros componentes. Y la industria auxiliar española del automóvil podría verse también afectada. Mucho más que la industria ensambladora, que apenas exporta vehículos a EEUU.
La exposición comercial de España al mercado norteamericano es relativamente más baja que la de otros socios comunitarios, aunque existe heterogeneidad entre sectores. Según Sergio Díaz, economista de CaixaBank Research, los motores, el material de construcción y en la partida alimentaria, el aceite de oliva, son los bienes que más peligro corren. Los exportadores de aceite aseguran que si se aplican los aranceles anunciados estarán fuera del mercado estadounidense, que supone ventas cercanas a los mil millones de euros.
El ministro español de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, afirmó este martes en Lisboa que los intereses del sector serán defendidos con "absoluta" claridad y firmeza. "Primero habrá que saber qué es lo que por parte de la Administración norteamericana se decide y yo creo que no es bueno anticipar. Habrá que ver efectivamente qué es lo que aparece, no son palabras, son decisiones y, por tanto, números y letras", dijo Planas en declaraciones a los periodistas.
Del lado de las importaciones, España compra principalmente a EE.UU. productos energéticos. "Más de la mitad del crecimiento acumulado por las importaciones entre 2014-2019 y 2024 lo explica el componente energético, que ha triplicado su peso sobre el total, alcanzando el 35,2%. Es el único grupo que aumenta su cuota", recuerda Díaz.
Subidas de precios
El gobernador del Banco de España, José Luis Escrivá, se mostró rotundo este martes y dijo que el tema supone "una preocupación considerable". "Estamos ante un cambio de paradigma de cómo se entablan las relaciones comerciales en el mundo, con un potencial distorsionador muy grande y con efectos que pueden ser negativos sobre el crecimiento económico mundial, y probablemente en mayor medida para EEUU. Después, tenemos que valorar las implicaciones que tendrá sobre la inflación", aseguró.
Desde diferentes patronales del gran consumo y el comercio español consideran que es pronto para valorar el impacto que puedan tener los eventuales aranceles. Pero el temor a que la guerra comercial avive una subida de precios a nivel global es patente. Un estudio de la consultora PwC elaborado a partir de la opinión de 450 expertos, empresarios y directivos refleja que un 51% de ellos cree que los conflictos geopolíticos derivarán en una subida de los precios.
Además de frenar el crecimiento global, para la mayoría –un 76%- supondrá un repunte de la inflación y para el 46%, un freno a los resultados empresariales. En este sentido, el 47% de los expertos vaticinan una disminución de las exportaciones, frente al 43% que sostienen que permanecerán estables. Por contra, ninguno cree que mejorarán.
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