La Guardia Civil ha observado una tendencia alarmante en los cayucos de grandes proporciones que llegan a las Islas Canarias con más de 200 personas a bordo. En ellos, los inmigrantes no sólo presentan síntomas habituales como deshidratación o agotamiento extremo, sino también heridas y signos de haber sufrido violencia.
Las alarmas saltaron el pasado 3 de noviembre, cuando un embarcación con 207 personas a bordo llegó a la isla de El Hierro. Tras hablar con algunos de sus ocupantes, los agentes descubrieron que faltaban cuatro personas, que fueron presuntamente asesinadas por los siete responsables de la embarcación, los conocidos como "patrones". Todos ellos fueron detenidos semanas después. El 28 de diciembre arribó otro cayuco con 224 inmigrantes, en la que se repitió la misma situación: faltaban ocho de los que, en un principio, se habían echado a la mar. En este caso, siete personas fueron detenidas en distintas provincias, ya que habían sido distribuidas por el territorio nacional junto al resto de los ocupantes. Todos ellos están en prisión provisional.
"El Servicio de Información de la zona de Canarias ha detectado que en los cayucos que vienen más de 200 personas suele haber comportamientos violentos por parte de los patrones", indican a El Independiente fuentes del Instituto Armado. "Qué paso específicamente es algo que desconocemos, pero los supervivientes venían con lesiones graves, de arma blanca y señas de latigazos". De hecho, en el que llegó en noviembre, una persona tuvo que ser trasladada al hospital para someterse a una intervención quirúrgica por una herida profunda en el tórax, compatible con una puñalada.
Según informó el Tribunal Superior de Justicia de Canarias, a los responsables se les imputan cargos por asesinato, trato degradante, delitos contra los derechos de los ciudadanos extranjeros y omisión del deber de socorro. "La autoridad judicial maneja indicios de que las personas que perdieron la vida en la embarcación por métodos violentos fueron seleccionadas para ser asesinadas por su nacionalidad, distinta de la de los supuestos patrones", indicó el Tribunal canario.
Además, la Benémerita explicó que, en el cayuco que llegó en noviembre, el motivo por el que uno de los asesinados sufrió previamente una paliza fue porque experimentó un episodio de desorientación, lo que provocó que los patrones le culparan del infortunio del trayecto, propinándole palizas tanto a él como a los que le defendieron. Como castigo y para atemorizar al resto, decidieron asesinar a cuatro personas.
Cuando hablaron con la Guardia Civil, los supervivientes revelaron que durante la travesía algunos de sus compañeros de viaje habían sido asesinados, y sus cuerpos arrojados por la borda. "Siempre se hacen indagaciones para ver cuánto han tardado y lo que ha ocurrido durante la navegación. En estos casos [los agentes] han ahondado muchísimo más. No es que estuvieran deshidratados, sino que llegaron con lesiones", explican. Llegaron a la conclusión de que emplearon la violencia para controlarlos.
El maltrato físico dentro de los cayucos no solo responde a disputas internas, sino que forma parte de un método de sometimiento y control por parte de los patrones, que utilizan el miedo y la violencia para mantener el orden en trayectos de varios días.
Según refiere a este periódico un agente que lleva 15 años destinado en Canarias, en su experiencia esto es habitual en las embarcaciones más grandes, puesto que las pequeñas, que son la mayoría, no permanecen tantos días en el mar. De hecho, algunos de ellos parten desde una nave nodriza que les deja en una posición idónea para llegar a terroritorio europeo, el cual alcanzan en menos de un día.
Los cayucos de mayor volumen provienen, por regla general, de países como Gambia, Senegal o Mauritania, y permanecen entre siete y nueve días en alta mar. En algunas ocasiones, los patrones no son simples navegantes, sino miembros de redes criminales dedicadas al tráfico de personas que tienen pasaporte y que después regresan desde Europa a los puntos de salida. "Todos los que van en el cayuco, pagan" recuerda este agente, que también subraya el hecho de que muchos de ellos, antes de echarse a la mar, han realizado una travesía a través del continente africano que se ha prolongado durante meses, para después ser extorsionados por las mafias.
La Ruta Canaria se ha convertido, en los dos últimos años, en una de las más peligrosas. Desde la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) recuerdan que las personas que viajan en los cayucos "se aventuran a una ruta marítima dramática con un nivel de riesgo muy alto. En sus países de origen viven situaciones de empobrecimiento extremo, falta de horizonte vital y convulsiones sociales y políticas".
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