En un momento de euforia internacional, tras una firme apuesta por relanzar en el exterior la marca, con visitas a Washington y cumbres con los Patriotas por Europa que preside, el líder de Vox, Santiago Abascal, experimenta un periodo revuelto dentro del partido. Algo que se rebaja dentro de la cúpula de Vox, incluso se vincula a intentos externos de desestabilizar las siglas después de un periodo de crecimiento virtual sobre las encuestas. Se superan los quince puntos a espera de una nueva oleada de sondeos que determine el estado de Vox. Lo cierto es que, de los fuegos que tiene por apagar Bambú, ninguno depende ni de Génova ni de la izquierda ni de intereses de los medios de comunicación.
Alguno de esos frentes tienen relación directa con la posición internacional, en la que Vox se ha dado la mano con Donald Trump y los satélites del ala más radical del Partido Demócrata. De hecho, Vox ha ligado prácticamente su futuro a la deriva trumpista, con las incongruencias que eso, por los diferentes contextos políticos de España y Estados Unidos, ya empieza a generar. Las dos más claras: la imposición de aranceles a diversos productos europeos que afectará a nuestro país, a falta de que se concreten otros gravámenes concretos a productos nacionales como el vino, el aceite o la prolongación del existente a la aceituna negra de mesa; y, por otro lado, la dificultad de defender íntegramente a Ucrania sin molestar con ello a Trump y sus giros de posición. De llamar dictador a Volódimir Zelenski mientras se legitima a Vladimir Putin, a ultimar un acercamiento a cambio de recursos naturales ucranianos.
Esta semana, en la que Abascal ha estado ausente en el Congreso de los Diputados por motivos personales, según han trasladado fuentes de la dirección del partido, se han abierto varios frentes clave que pueden pasar factura a Vox. Van desde la puesta en escena de una corriente crítica de militantes que piden ya con voz y cara la refundación del partido, hasta pequeñas crisis locales con el PP, mas bajas de rostros que fueron importantes en el pasado y las supuestas irregularidades y tráfico de influencias del segundo teniente de alcalde de Vox en Valencia.
Disidencia interna
Las quejas y reclamaciones internas han sido una constante esta semana, desde el mismo sábado con un cónclave de 94 críticos del partido, buena parte aún militantes del mismo, aunque pocos con cargos públicos ligados a Vox. Pero también se han dado públicamente, a través de entrevistas o redes sociales por parte de personalidades ajenas a esa exigencia de refundación. Destacan los casos de Javier Ortega Smith, Inés Cañizares o Agustín Rosety.
El sábado, perfiles como la diputada balear y exportavoz en el Parlament, Idoia Ribas, la portavoz de Palencia, Sonia Lalanda [afirmó que Vox en Madrid es una "picadora de carne"], o el concejal de Salamanca, Alejandro Pérez de la Sota, ya en los no adscritos del consistorio por represalias de la formación, exigieron el replanteamiento de Vox en una asamblea general, la vuelta al manifiesto fundacional y la rendición de cuentas de Abascal para explicar decisiones como la salida de los gobiernos de coalición con el PP en julio de 2023, o el paso del grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos (ECR) a Patriotas por Europa. A ese evento, que desde Bambú desdeñan y califican de anecdótico, se han unido cuestionamientos recientes por parte de figuras más reconocidas. Por el seguidismo a Trump, pero también por la falta democracia interna que esos díscolos denuncian.
Ortega Smith sigue marcando perfil propio frente al argumentario de Bambú. Para los críticos, eso le sitúa al borde de ser purgado. Le respalda su buena amistad con Abascal
Rosety, exdiputado y general en la reserva, ha llegado a ser patrono de la Fundación Disenso, el think tank de Vox. Retirado de la política activa por su avanzada edad, 77 años, venía criticando el respaldo total a Trump pese al agravio arancelario y también tras sus ambigüedad sobre Ucrania. De hecho, un artículo de opinión publicado el sábado en un medio nacional dinamitó el cese de relaciones con el partido. Lo explica el propio Rosety en una entrevista este jueves en El Diario de Cádiz, su ciudad. "Expresaba mi malestar con el seguidismo de Abascal a Trump en la guerra de Ucrania. A partir de ahí me llegaron muchos ataques y descalificaciones en redes, algunas de ellas vinculadas a Vox. Me hicieron el lunes acabar con esa relación".
En esa entrevista cuestiona que Vox "se acerque a Rusia" cuando "nuestra posición geopolítica, a diferencia de Hungría, socia de Vox por Viktor Orbán, "es claramente diferente a ellos". El general ha cuestionado el paso a Patriotas cuando "la socia natural es Giorgia Meloni". Para él, Vox vive una euforia de origen internacional, pero "las elecciones hay que ganarlas aquí". Constancia de los "ataques" a Rosety, por parte de cuentas asociadas a Vox directa e indirectamente [es conocido el 'ejército' de cuentas fake al servicio de los intereses del partido] la dieron en X otras personalidades de Vox, ya en un segundo plano, como el exvicepresidente económico, Víctor González.
Víctima de ataques en redes también ha sido Cañizares, vicealcaldesa de Toledo, después de mostrarse crítica con la salida de Juan García-Gallardo a finales de enero y demandar el derecho de pedir democracia interna "sin miedo a nada ni a nadie". "Si no otorgamos una verdadera participación política a las bases, estaremos convirtiendo a los afiliados en simples financiadores del partido", añadió. Como Rosety, ha decidido abandonar X por "higiene mental". Por ahora, no hay represalias por parte de Bambú y sigue al frente de sus competencias. Ella defiende que no hay problema alguno con Madrid, mientras que Vox, por ejemplo, ya ha pedido el acta a Ribas en Baleares, abrió a Lalanda expediente y ha desplazado a Pérez de la Sota. Los críticos creen que todo díscolo acabará purgado, y ponen en la diana a Ortega tras su pronunciamiento de este miércoles.
En Onda Madrid, Ortega instó a la dirección de Vox, de la que es parte como vocal dentro del Comité Ejecutivo Nacional (CEN), a hacer una defensa firme de Ucrania por el interés geoestratégico, como defendió Rosety, y a la vez no validar los aranceles de EE.UU. "si perjudican a España". No es la primera salida de tono reciente. Mientras Bambú callaba tras la marcha de García-Gallardo, Ortega compartió que "parte" de la denuncia del exlíder en Castilla y León, entre ella el acotamiento de los espacios de decisión, eran "verdad". Ortega, único fundador de Vox junto a Abascal que queda en el grupo se siente protegido por la relación de amistad que le une al presidente.
No obstante, esta disidencia interna no favorece a Vox si se quiere sostener un discurso homogéneo. Ortega, pese a todo, renuncia a un choque público y prefiere trasladar su punto de vista en los órganos oportunos. "La lealtad no consiste en aplaudir como palmeros a quienes tienes en frente, sino decirles las cosas. Los que me conocen, escuchan mi voz cuando se tienen que escuchar", reconoce Ortega al final de la entrevista [a partir del minuto 38].
Frente a las salidas del argumentario oficial y la presión de los críticos que piden refundación, figuras en auge dentro de Vox han salido en defensa de Abascal y su liderazgo, caso del portavoz en Vivienda, Carlos Hernández Quero, la portavoz en la Asamblea de Madrid, Isabel Pérez Moñino, y la vocal del CEN y diputada, Rocío de Meer [es sobrina de Kiko Méndez-Monasterio, gurú de Abascal].
Investigación en Valencia y ofensiva en Castilla y León
A la disidencia se le une una investigación interna del partido a Juanma Badenas, segundo teniente de alcalde y portavoz de Vox en Valencia, por supuesto tráfico de influencias por unos contratos a favor de la empresa en la que trabaja Javier Cebrián, el marido de Pilar Bernabé, delegada del Gobierno en Valencia. Dio constancia de este procedimiento autorizado por Ignacio Garriga, el secretario general de Vox, la portavoz parlamentaria, Pepa Millán este martes. Tomarán "las medidas necesarias". Según avanzó el digital The Objective, Badenas habría amañado la adjudicación de un contrato a favor del Instituto Mediterráneo de Desarrollo Sostenible (Imedes), mediante el diseño arbitrario de las bases del concurso público.
Fuentes del partido ya anticipaban que Badenas tiene complicado ser candidato en 2027. No por este asunto, que está por esclarecer, sino por que el portavoz ha tenido varios choques con Bambú y la dirección nacional, en concreto la vicesecretaria de Acción de Gobierno, Montserrat Lluís, ha tenido que mediar para que el gobierno de María José Catalá (PP) no se rompiese. Badenas no es habitual en los actos públicos, y, de hecho, en 2023 ya hubo conflicto con Madrid por su gestión y la falta de información al respecto en el consistorio. Bambú investigó por la relación de Badenas con el consultor Miguel Zorio y el abogado Pablo Delgado y la construcción del estado Mestalla Nou. Delgado, vinculado a Francisco Camps [crítico de Catalá] habría elaborado informes para Badenas para fijar posición contraria al gran proyecto avalado por el PP. Dio cuenta de ello El Confidencial.
De demostrarse ese favoritismo, sería uno de los primeros casos de corrupción vinculados a la gestión de Vox, que se muestra firme para atajar cualquier irregularidad. De demostrarse delito, puede darse el caso de que Catalá decide prescindir de él y que Vox lo expulse, teniendo éste que o bien dejar el acta o ir a los no adscritos. Al margen de lo interno, el PSPV-PSOE y Compromís han anunciado que llevarán el asunto a la Fiscalía.
Badenas es uno de los perfiles con menos sintonía con Bambú. El partido tomará las medidas necesarias
Económica es la ofensiva que los dos procuradores de Castilla y León expulsados, Javier Teira y Ana Rosa Hernando y que dio pie a la marcha de García-Gallardo. Éstos han desvelado que cobraban bajo cuerda del Grupo hasta 24.000 euros anuales, 2.000 por mes a cambio de dejar su trabajo como educadores para dedicarse en exclusividad a sus "funciones políticas". Y piden que se les retribuya la mensualidad previa a su expulsión. A esos 2.000 euros se sumaba a los pagos por asistencia a pleno y comisiones, así como el kilometraje. En total, Teira ha llegado a cobrar 5.000 euros mensuales; 4.800 en el caso de Hernando.
La peculiaridad es que esas dietas están exentas de IRPF, a diferencia de los pagos del partido. Los expulsados dudan ahora públicamente de las cuentas del partido en un momento difícil para ellos, como hiciera la diputada catalana expulsada de Vox, Isabel Lázaro, que ha denunciado a Garriga ante la Fiscalía por presunta malversación y apropiación indebida. Desde Vox Castilla y León se asegura que este tipo de compensaciones son cotidianas, incluso antes de la entrada de Vox en el Parlamento. La opacidad en las cuentas persigue a Vox desde hace años, pero desde el partido, ante cualquier acusación de excargos, apunta a que todo está supervisado por el Tribunal de Cuentas.
Nuevo cisma municipal con el PP
A los frentes orgánicos se añade otra pérdida de poder municipal para Vox después del último enfrentamiento con el PP, que ha supuesto la ruptura del pacto de coalición en Ciudad Real y el cese de los cuatro miembros de Vox en el equipo de Gobierno. Los de Abascal pierden así otra capital relevante después de Burgos en noviembre del año pasado. En este caso, la fractura se ha producido por una diferencia ideológica tras meses de deterioro de la alianza. Concretamente, el PP impulsó unos cuadernillos que reflejaban diversidad en las tipologías de familia para los escolares. Eso choca de pleno con la concepción de familia de Vox, compuesta de hombre, mujer e hijos.
Los populares denunciaron invasión de competencias, de una decisión del consistorio, cuando los de Abascal tenían las económicas, de Familia [en lo que respecta a las políticas] y de Festejos. Frente al inmovilismo del PP, Ricardo Chamorro, afín a Bambú, decidió suspender el pacto para buscar la reconducción de las conversaciones con el PP, pero los populares lo han considerado una deslealtad y han motivado el fin del acuerdo. Desde Vox se busca restablecer relaciones y recuperar el pacto, pero por el momento el PP se cierra a ello. Chamorro ofrece su marcha como contrapartida.
Este punto es el último suceso de un alejamiento patente del PP que lleva dándose desde principios de año, conforme Vox ha afianzado sus vínculos internacionales. La posición de Génova al respecto es que ellos están centrados en la gobernabilidad y que depende de Vox lo contrario, romper en los distintos feudos. Ya en algunos enclaves la imposibilidad de sacar los presupuestos locales [con en las seis regiones donde dependen ambos] ha deteriorado el vínculo. Alberto Núñez Feijóo ha marcado distancias con Abascal, ha denunciado que hace "oposición de tumbona" frente a la del PP, de "dedito levantado". Sobre todo, en Génova, preocupa la deriva internacional de Vox, alineándose con fuerzas como Alternativa para Alemania, frente a la cual homólogos del PP como la CDU insisten en mantener el cordón sanitario.
Precisamente, Abascal ha querido trasladar la sensación de ese veto a España, preguntando a Feijóo si aplicará el mismo principio que Friedrich Merz. Al distanciamiento de Vox del PP, al que asemejan al PSOE de Pedro Sánchez, se une la cada vez más duras condiciones que pone sobre la mesa Vox para un acercamiento con los populares. Desde asumir el marco antimigratorio más radical, hasta romper todo tipo de relaciones con los socialdemócratas europeos que sostienen a Ursula von der Leyen al frente de la Comisión Europea. Un incremento de la tensión con los populares que puede terminar aislando a Abascal y Vox de cara al próximo ciclo electoral.
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