Antes de la invención de la goma de borrar se usaba miga de pan para eliminar trazos sobre papel. Las primeras gomas nacieron a finales del siglo XVIII. Estaban hechas de caucho natural, un polímero de una molécula que procede del látex, que es la savia de árboles originarios de Sudamérica. Tenían un gran inconveniente: se pudrían al poco tiempo.
Las gomas borran mediante una combinación de efectos. Por una parte los trozos de goma desprendidos al frotar sobre el papel se enrollan por efecto del movimiento repetido y arrastran en su interior las partículas de la mina del lápiz acumuladas en el surco de papel. A este fenómeno se suma la electricidad estática. Goma de borrar y lápiz se cargan eléctricamente por el rozamiento y se atraen. Así las virutillas se llevan consigo los restos de grafito del lapicero.
Hoy hay muchísimas variedades; las hay de caucho, de plástico, suaves o abrasivas, según para qué se vayan a utilizar. En Cajas de Ciencia os contamos la historia y las claves científicas de este artículo imprescindible del escritorio.
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