Desde el inicio de su nuevo mandato en la Casa Blanca, Donald Trump ha mostrado un gran interés por asegurar el suministro de minerales críticos y tierras raras a Estados Unidos. En un principio, expresó su deseo de anexionarse Groenlandia por su riqueza mineral. Ahora, busca quedarse con los minerales críticos y las tierras raras de Ucrania.

Los minerales críticos y las tierras raras son fundamentales para la fabricación de dispositivos electrónicos, baterías, paneles solares y sistemas de defensa. En particular, elementos como el litio, el cobalto, el neodimio y el grafito son vitales para la transición energética y el desarrollo tecnológico.

Groenlandia y Ucrania, los objetivos de Trump

Groenlandia cuenta con valiosos minerales necesarios para las telecomunicaciones. Algunos de ellos son el uranio, el carbón, el zinc, el cobre, el mineral de hierro, los diamantes, miles de millones de barriles de petróleo sin explotar y un vasto suministro de gas natural. El deshielo que sufre la isla por el cambio climático –del que Trump niega su existencia–, podrían dar un mayor acceso a estos minerales, lo que llegaría a fomentar su explotación.

En el caso de Ucrania, este alberga el 20 % de las reservas globales de grafito y se posiciona como el país con mayores reservas de titanio en Europa, además de contar con importantes depósitos de cobre, plomo y zinc. Algunos de estos minerales –entre ellos el titanio y el litio– son esenciales para la industria de la defensa y la fabricación de baterías. Según datos del Kyiv School of Economics, Ucrania dispondría de 46 yacimientos de titanio, 34 depósitos polimetálicos, 11 yacimientos de grafito y 2 yacimientos de litio. Trump ha insinuado que un acuerdo con el gobierno ucraniano podría brindar a Estados Unidos una fuente confiable de estos recursos.

La postura del mandatario es posicionar a EE.UU. como un actor clave en la producción y distribución de estos minerales, en un contexto en el que la competencia global por estos recursos se intensifica. La Unión Europea también ha mostrado interés en asegurar el suministro de minerales críticos desde Ucrania, lo que podría generar una nueva disputa geopolítica en torno a estos recursos estratégicos.

La dependencia de China

Durante su primera presidencia, Trump identificó la dependencia de Estados Unidos de China en el suministro de tierras raras como un riesgo para la seguridad nacional. En 2020, firmó una orden ejecutiva declarando una emergencia nacional en la cadena de suministro de minerales críticos, con el objetivo de fomentar la minería y el procesamiento dentro del país y buscar acuerdos con aliados estratégicos.

China actualmente domina el 70 % de la extracción mundial de tierras raras y controla el 90 % de su procesamiento. La estrategia de Donald Trump es fortalecer la competitividad de Estados Unidos en este sector, valorado en 320 mil millones de dólares, y que, según el Foro Económico Mundial, podría duplicar su tamaño en los próximos cinco años. Por su parte, el Ministerio de Finanzas de Ucrania estima que las reservas de materiales críticos del país alcanzan los 12 billones de dólares, cifra que podría incrementarse hasta 26 billones si se incluyen recursos como el carbón y el gas natural.

Las desventajas de Ucrania

El interés de Trump en los minerales críticos también está ligado a su visión económica. Impulsar la minería y el procesamiento de estos materiales en suelo estadounidense podría generar miles de empleos y reducir el déficit comercial con China. Además, asegurar un suministro confiable es esencial para la producción de tecnología nacional y la seguridad militar.

No obstante, la explotación de estos recursos enfrenta obstáculos significativos. Desde la invasión a gran escala en 2022, Rusia ha tomado el control del 33 % de las fuentes de tierras raras en Ucrania, ocupando territorios clave para su extracción. Asimismo, una gran parte de las reservas minerales del país aún no han sido exploradas en su totalidad, lo que genera dudas sobre la cantidad y calidad real de estos recursos.