El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, tiene un plan para este 2 de abril, que ha bautizado como Día de la Liberación por tratarse de la jornada en la que tiene previsto imponer el mayor lote de aranceles de todos los aprobados hasta la fecha. Pero no ha revelado en qué consistirá. “Lo he decidido, sí”, dijo el lunes en la Casa Blanca, a solo dos días de la fecha clave.
El estadounidense lleva meses anunciando nuevos aranceles a diferentes países y productos de todo el mundo. En muchos casos, ha amenazado con medidas que después no se han cumplido; en otros, ha aprobado gravámenes que más tarde ha aplazado y condicionado a determinadas medidas o negociaciones, y en otros ha puesto en marcha tasas con las que pretende conseguir variados objetivos.
En un primer momento, Trump justificó los aranceles asegurando que Estados Unidos debe reducir su déficit comercial -ahora, el país importa más productos y servicios del exterior de los que exporta- y, de paso, debe conseguir que las empresas vuelvan a EEUU y traigan aquí sus empleos y riqueza. Pero más adelante ligó los gravámenes que anunció para México y Canadá a la crisis de la frontera, afirmando que, en su opinión, ambos países permitían la entrada de demasiados inmigrantes ilegales y de drogas a EEUU y esta era la única manera de conseguir que tomasen cartas en el asunto.
Con todo, en las últimas semanas ha pasado a insistir en que impone aranceles porque su recaudación llenará las arcas públicas de su país y le permitirá bajar impuestos y mejorar la economía. Según su asesor comercial, Peter Navarro, el Gobierno estadounidense va a recaudar al año 600.000 millones de dólares al año [unos 554.500 millones de euros] gracias a los aranceles, unos seis billones de dólares [six trillion anglosajones] a lo largo de los próximos diez años. Y con esa recaudación aseguran que podrán bajar impuestos. “Será la mayor rebaja de impuestos en la historia de Estados Unidos para la clase media, para los de cuello azul”, ha dicho Navarro.
El economista descarta que los aranceles provoquen subidas de precios en EEUU, como vaticinan muchos de sus colegas de profesión, un extremo que el propio Trump ha reconocido como posible en diferentes ocasiones. De hecho, la prensa ha publicado que el presidente está presionando a las compañías automovilísticas para que no aumenten los precios de los coches, algo que el magnate ha negado. “No podría importarme menos que suban los precios, porque la gente va a empezar a comprar coches fabricados en América”, dijo el sábado.
Sin embargo, algunos de los asesores de Trump reconocían a la prensa estadounidense este martes que la razón por la que el presidente no se había decidido aún por una vía concreta era esa. Es decir, que Trump no tenía claro si priorizar la recaudación o si prefería usar los aranceles como un arma con el que conseguir que otros países rebajen los gravámenes que imponen a los productos americanos o cambien sus políticas. Si escoge la segunda opción y opta por anteponer una negociación país por país, la recaudación esperada podría reducirse, pero si decide mantener los aranceles anunciados los precios podrían subir y la economía estadounidense podría resentirse.
Los aranceles anunciados por el momento
A día de hoy, los aranceles del presidente americano pueden resumirse en tres categorías: la de gravámenes ya impuestos y en vigor, la de los anunciados de forma más o menos clara, con una fecha de activación, y los que aún están completamente en el aire. En el primer grupo se encuentran los aranceles impuestos a China el pasado febrero, que duplicaron su tasa en marzo, y los aranceles al acero y al aluminio que entre en EEUU procedente de cualquier país del mundo, en vigor desde el 12 de marzo. Asimismo, en esta categoría se encuentran los aranceles a los productos mexicanos y canadienses que no forman parte del acuerdo de libre comercio TMEC.
En el segundo grupo están los que se espera que se aprueben este miércoles, pese a la falta de concreción de muchos. A lo largo de las últimas semanas, Trump ha dicho que el 2 de abril impondrá aranceles del 25% a todos los productos de México y Canadá, a los automóviles y piezas de automóviles que entren en EEUU, pero también a los productos agrícolas, farmacéuticos y microchips y semiconductores y a los productos y servicios procedentes de cualquier país que compre petróleo a Venezuela.

En el pasado, sus asesores también aseguraron que este miércoles entrarían en vigor los bautizados como “aranceles recíprocos” que en un primer momento se concebían como una medida de justicia -Trump aseguraba que tan solo gravaría a aquellos países que gravaran productos estadounidenses- y que ahora tendrán en cuenta todo tipo de factores, desde si los países a los que EEUU exporta cuentan con algún tipo de regulación que afecte a sus productos, como las subvenciones que puedan conceder a su propia industria, incluso el tipo de cambio de moneda o impuestos como el impuesto sobre el valor añadido (IVA) europeo.
En la categoría de aranceles completamente en el aire se encuentran los aranceles al vino y a otras bebidas alcohólicas de la Unión Europea, y los gravámenes a los países que cobren tasas a los servicios digitales estadounidenses.
Por eso, este miércoles todos los ojos estarán puestos en qué decide hacer Trump y cómo lo hace. El presidente podría optar por un arancel universal que englobe todos los anteriormente enumerados, para todos los países y quizás con algunas excepciones, o por el contrario decidir imponer tasas distintas por país, según características concretas del territorio y su relación con EEUU.
¿Llevarán los aranceles a la recesión de EEUU?
Independientemente del camino por el que opte, lo que inversores, economistas y demócratas temen es que los aranceles provoquen más inflación en Estados Unidos y, de su mano, comprometan el crecimiento o incluso lleven al país a una recesión. Recientemente, el gobernador del Banco de España, José Luis Escrivá, reconocía que existe una gran preocupación tanto a nivel europeo como mundial por el cambio que supondrían en las relaciones comerciales de todo el mundo.
En la misma línea se han posicionado desde la Reserva Federal estadounidense, donde también opinan que los aranceles aumentarán la inflación. "Parece inevitable que los aranceles aumenten la inflación en el corto plazo", dijo la presidenta de la Fed de Boston, Susan Collins. Desde el Fondo Monetario Internacional confirman que los vaivenes de Trump están provocando una gran incertidumbre y perjudicando a la confianza, pero donde no creen que provoquen una recesión, al menos en el corto plazo. "No vemos una recesión en el horizonte", ha dicho este lunes su directora, Kristalina Georgieva.
No obstante, concretar qué efecto económico tendrán unos gravámenes que cuando se redactó este artículo no se habían concretado es misión imposible para los economistas. Pero lo que sí tienen claro es que si las empresas y los consumidores se preocupan y frenan su gasto, como a día de hoy reconocen que harán en las encuestas, es probable que se produzca una ralentización del crecimiento, pese a la fortaleza actual del PIB americano y por mucho que la Casa Blanca lo descarte.
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3 Comentarios
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hace 1 día
Parece que algún desnortado todavía no se ha enterado que USA, es decir el p*to Donald es quien quiere imponer aranceles y no el «mundo en vilo».
hace 1 día
Este retrasado mental va a dejar su país como un solar. Dicen que los aranceles no son impuestos, si no lo contrario. Mienten. Pero eso no es nuevo.
Y dejan a la Fed en una situación complicada, porque si bajan tipos para «activar» la economía, hay riesgo de más inflación. Pretende fabricar coches en EeUu con mejores salarios y que el mundo se los compre. De locos.
hace 1 día
Se llama RECIPROCIDAD.
Si el «mundo en vilo» retira los aranceles a los USA, Trump no impondrá los suyos y el mundo dejará de estar en vilo.