Tenemos un país poca cosa. Un paisillo. Somos como una Andorrita atestada de toreros, futbolistas y colaboradores de La Sexta, que apenas caben en la loseta que les toca. Tenemos un país del que nos caemos, tenemos un país sofá cama, tenemos un país equipaje de mano de Ryanair. Tenemos un país que nos asfixia, todo interior, sin ventanas. Tenemos un país en un florero, como el de los Nabucodonosorcitos que vivían en la maceta de Epi y Blas. Y ha venido un chico en el estirón pidiendo, claro, más país, como el que pide más paga o más megas o más zapas o más kétchup.
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