Creo que el salón de los besos esta vez era otro, entre seco y vergonzante, como el del amor de dos notarios. Éste va a ser un gobierno de pan y cebolla, de juglares colilleros, de franciscanismo del porro, de paguitas hamaqueras y de chiringuitos de clase a los que van a llamar igualdad y justicia social, mientras el dinero de verdad se lo llevarán los nacionalistas para pagar embajadas y subvencionar coros castrenses, teatro patriótico, folclore botijero, la Luftwaffe de TV3 y el escrache al disidente. Quizá por eso Pedro y Pablo no hablaron delante de dorados luisinos ni de acuarelas de la gallinita ciega, sino de feos portones de madera, portones de ermita o de casa de postas o de cuarto de aperos de un viñedo.
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