Cayetana tiene la batalla perdida contra La Sexta y contra Montero, que son como la España del reguetón, o sea toda la época que nos ha tocado. A Cayetana la llaman pija y marquesa y ya está todo hecho. Después de tanto progresismo y tanto igualismo, parece que en este país todo sigue estando en el nacimiento, en la cuna de la porcelana de la criada o en la cuna del carbón obrerista de los que a lo mejor no son ni siquiera obreros, pero se tiznan como cantores de jazz blancos. Ya sólo hay estereotipo y clasismo en la izquierda. Estas marquesas de hoy hacen mejores currantes, mejores artículos, mejor pensamiento, y sin sacar para nada su marquesado como un merengue. Sin embargo, la izquierda tiene que ir siempre soltando, como si fueran migas del bolsillo, lo de la familia humilde o el padre remendón o el hambre de sardina, incluso inventándolo, para así justificar tener un trabajo de pegar carteles o un ministerio florecido de tus propias gónadas, que a lo mejor es tan humillante como si la mujer volviera a tener la cocina para ella sola.
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