Esta campaña madrileña ha sido “un plomo”, se le escapó a Ayuso durante esos actos del 2 de mayo que se celebran con espíritu galdosiano, artillero y talabartero, y puede que tenga razón. Plomo de unas balas de sacamuelas escupidas en público, plomo de un pueblo convertido en chatarra por los populistas, plomo de ideologías que ya sólo existen en plomo, ideologías de cenicero de plomo, fontanería de plomo y soldadito de plomo, y que algunos, a falta de algo mejor, se han empeñado en sacar con grima y aparatosidad, como un exvoto, como un braguero o la pierna de plomo de un picador. Plomo ha sido Gabilondo con sus gafas de plomo y también Ayuso con su copón de plomo de libertad o de cerveza. Eso sí, faltó en la celebración el mayor plomo de la campaña y de la política, que es Pablo Iglesias.
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