Saldrán los madrileños a votar entre las mosquiteras del bicho y cañones de guerra bulbosos en las nubes, como de acorazado. Luego se darán cuenta de que nadie se mata en la calle y que sólo les espera un sol de tomatera con hambre de verano, un hambre insaciable como de mosca. Los políticos nos han puesto en la mano un voto que pesa como una biblia contrachapada y yo creo que se nos hará raro coger el de verdad, sólo un papelito, sin munición ni hostia consagrada. Esa papeleta con tacto de prospecto nos va a terminar de distanciar de esta campaña de navajeo, soponcios y sobreactuaciones. En Madrid no hay público para las bombas de morral o Morral, para coros soviéticos ni para falangistas peinaditos como ángeles de comodita. En Madrid se puede empezar a acabar la moda de la política de guerra, con lo que muchos de nuestros políticos se quedarán sin ninguna política que hacer.
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