La democracia británica ha dejado este histórico 7 de julio algunas lecciones extraordinariamente valiosas. La primera de ellas, la fundamental, es que la mentira en política, como en la vida en general, es inadmisible. Mostrarte ante las Cámaras Legislativas, ante tus correligionarios, y ante el conjunto de la ciudadanía como un líder que no ofrece fiabilidad no es, ni mucho menos, recomendable. Y se acaba pagando caro tarde o temprano. La mentira tiene las patas muy cortas y cuando se descubre coloca al líder inmediatamente fuera del tablero de juego. Si el mandatario no se aviene a razones, se encastilla en su posición y se aferra a su cargo es su propio sanedrín el que debe marcarle la salida.
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