Este jueves 3 de abril, el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, hablará ante la Junta General del Principado de Asturias, el parlamento de la región, para defender la oficialidad de la lengua asturiana. Y también del llamado por los lingüistas el eonaviejo, una fala exclusiva del área del Occidente de Asturias colindante con Galicia comprendida entre los ríos Eo y Navia, una de las zonas más despobladas de España.

García Montero ha manifestado en numerosas ocasiones que quiere aprovechar la plataforma del Cervantes para promover la difusión internacional del resto de lenguas españolas. Y se ha mostrado especialmente comprometido con el asturiano, pese a que la llingua no goza todavía de la oficialidad en su territorio. El año pasado, el Instituto Cervantes de Nueva York ofertó un curso de asturiano a razón de 425 dólares la inscripción. En octubre fue cancelado por no cubrirse el mínimo de tres plazas requerido para su celebración. Al menos se quiso matricular una persona. No está mal.

Pese a las estrecheces presupuestarias, pese a la falta de docentes para sostener la oferta de cursos de español en sus centros, pese a la precariedad de cerca del 80 por ciento de su plantilla de "profesores colaboradores", García Montero encuentra recursos para promover cursos de asturiano en Nueva York que nacen muertos.

Lealtad debida

Es solo uno de los muchos aspectos de la gestión del poeta y catedrático de Literatura de la Universidad de Granada que discuten sus detractores en el seno del Cervantes, que son bastantes, aunque la mayoría exponga sus críticas con tanta vehemencia como discreción. La reciente polémica en torno a El odio, el libro de Luisgé Martín basado en sus conversaciones con el doble parricida José Bretón, ha hecho aflorar el controvertido nombramiento de este escritor, que venía de redactar y supervisar en Moncloa los discursos de Pedro Sánchez, como director de una sede de nueva planta del Cervantes en Los Ángeles. Una de tantas decisiones que ilustran la insondable capilaridad del poder socialista.

Siempre que tiene ocasión García Montero demuestra la lealtad debida a quien le ha colocado. No en vano, su designación como director del Instituto Cervantes fue una de las primeras decisiones que tomó Sánchez cuando llegó a La Moncloa en 2018. El poeta fue nombrado el 19 de julio en sustitución de Juan Manuel Bonet, solo un mes y medio después del éxito de la moción de censura a Mariano Rajoy. En diciembre de 2023, pocas semanas después de la tercera investidura de Pedro Sánchez, fue ratificado en el cargo tras una conversación con el titular de Exteriores, José Manuel Albares, de cuyo ministerio depende el Cervantes.

Motivos personales

Desde que accedió al despacho de Alcalá 49, García Montero, lejos de moderar su perfil militante, lo ha intensificado. Sus declaraciones altisonantes, propias de un político de partido más que de un responsable institucional, rompen con la tradición de neutralidad que sostuvieron sus predecesores. Pese a ocupar un cargo con categoría de secretario de Estado, de gran responsabilidad y dedicación exclusiva, no ha renunciado a sus columnas de El País e Infolibre, casi siempre inequívocamente políticas, ni a su tribuna semanal en Hoy por hoy, el programa matinal de la Cadena SER dirigido por Àngels Barceló.

Tampoco a dar batallas personales en términos absolutamente impropios de un director del Cervantes, como cuando en 2023 atacó en varios medios a la viuda de Rafael Alberti, María Asunción Mateo, tras la publicación de sus memorias. "Si me echase una novia de 23 años a estas alturas de mi existencia, ya con 65, me sentiría violento y culpable de abuso por varios posibles motivos. Y si a los 88 años una mujer con 42 se quisiera casar conmigo, me consideraría vanidoso, tonto y en peligro de manipulación. Pero, en fin, allá cada cual con su vida", escribía en El País para desacreditar a Mateo –e indirectamente a Alberti– después de asegurar que no se iba "a detener en el asunto de las parejas y las viudas" porque "eso es cuestión de cada uno". Y por eso, suponemos, a García Montero nadie le pregunta por sus novias.

Aquella controversia, según algunos miembros del Cervantes, estuvo a punto de costarle el puesto, pues se reconocían en las palabras del poeta actitudes que casaban mal no ya con el feminismo sin concesiones del Gobierno de coalición sino con la dignidad de la mujer.

El caso Ángel González

Este miércoles, en vísperas de su intervención ante la Junta General del Principado, Luis García Montero pronunciará en el Paraninfo de la Universidad de Oviedo la conferencia "El papel de la poesía en el centenario de Ángel González". En torno a la figura del poeta asturiano (1925-2008), el director del Cervantes viene siendo protagonista de otra polémica con viuda de por medio.

La mujer que vivió casi 30 años con Ángel González y casada con él desde 1993, la profesora Susana Rivera, ha acusado en reiteradas ocasiones a García Montero de encabezar una conjura para apropiarse del legado de su marido, aunque sus argumentos han sido casi siempre silenciados. Sostiene Rivera que García Montero y otros supuestos amigos de Ángel González, entre quienes cuenta al editor Chus Visor y a otros autores como Benjamín Prado, la animaron a presidir una fundación que luego quedó vacía de contenido con el objetivo de desactivarla como única heredera.

La historia es larga de contar y merece un artículo aparte. Pero la falta de interés institucional en Asturias por el legado del poeta y los palos en las ruedas que algunos pusieron en Oviedo desembocó en la creación de una fundación fantasma que quedó en nada, la airada reacción de los poetas viudos cuando la viuda verdadera se negó a quitarse de en medio y la decisión de Rivera de irse con el legado a otra parte, presumiblemente una universidad norteamericana cuando llegue el momento. Frente a ello, García Montero se obstina en erigirse en una suerte de albacea del poeta muerto y respaldar iniciativas como la Cátedra Ángel González de la Universidad de Oviedo que Susana Rivera, única heredera legal, no reconoce. O la publicación en su día de unos poemas inéditos sin su permiso.

Las viudas negras

"La reunión de directores [del Cervantes] en Asturias y la felicitación navideña con versos de Ángel estuvieron planeados estratégicamente para conseguir ya la total apropiación de Ángel que culminará en 2025, el centenario de su nacimiento, cuyos fastos él, indudablemente, controlará", asegura Rivera a este periódico.

Los argumentos que García Montero esgrime contra ella se parecen mucho a los que arroja contra María Asunción Mateo. Dos viudas negras que aíslan a hombres mayores e indefensos, los apartan de sus verdaderos amigos y se apropian de su legado después de muertos. Pero quien se moleste en leer y escuchar a ambas detectará fácilmente un patrón común, no en ellas, sino en quien las intenta desacreditar.

A ambas, por ejemplo, las borró de los actos de entrega de los legados de sus maridos en La Caja de las Letras del Cervantes en Madrid. Una decisión que motivó un burofax de María Asunción Mateo a Pedro Sánchez que nunca fue respondido.

"Nos descalifica despiadadamente llamándonos mentirosas, manipuladoras, ladronas, erráticas, locas, ¡torturadoras!", añade Rivera. En su caso, afirmando cosas como que "los amores de Ángel siempre han sido desafortunados" y ninguno de sus dos matrimonios "ha terminado bien".

"Es una de las muchas tácticas fascistas", dice Rivera, de García Montero y los suyos, que cuentan con "una plataforma que los calumniados no tenemos. Se aprovechan de eso para repetir sus mentiras, y luego otros medios las recogen y también las repiten hasta convertirlas en la historia oficial".

Con frecuencia se acuerda Rivera de lo que le decía su esposo en los últimos años: "No te fíes de nadie, es posible que los menos esperados sean los peores. Sigue tus instintos, que los tienes muy buenos". Es lo que ha hecho, y sigue peleando por que su verdad prevalezca. "El cacique consigue salir ileso porque sus defensores son muy poderosos", reconoce. Pero ellas, las "viudas vituperadas", convenientemente asistidas por figuras respetadas como Anna Caballé, se resisten a ceder al rodillo del mandarín.